Uno de los delegados, junto a otros empleados, permanece adentro del establecimiento para resistir el cierre. Aseguran que se enteraron esta mañana por un cartel en la puerta.
La histórica fabricante de neumáticos Fate anunció este martes el cierre definitivo de su planta industrial en Virreyes, partido de San Fernando, y el despido de 920 trabajadores, poniendo fin a más de ocho décadas de producción en la Argentina. La decisión se conoció de manera abrupta: los empleados se enteraron del cierre al llegar a la fábrica y encontrarse con un cartel que informaba el cese total de actividades.
Según confirmaron fuentes gremiales, en el interior de la planta permanecen trabajadores y al menos un delegado, mientras se desarrollan conversaciones informales en un clima de fuerte tensión e incertidumbre. El cierre deja paralizada una de las principales plantas del sector y abre un conflicto laboral de alto impacto, tanto por la magnitud de los despidos como por el modo en que fue comunicada la medida.
La situación frente a la fábrica de Fate se agravó en las últimas horas, cuando un grupo de personas comenzó a saltar el alambrado perimetral con la intención de ingresar al predio.
El intento se produjo mientras ya hay trabajadores dentro de la planta, en el marco de la protesta por el cierre y los despidos, lo que incrementó la tensión en la zona y activó un mayor despliegue policial tanto en el interior como en los alrededores del establecimiento.
“Estamos acá dentro de la fábrica de Fate, con un grupo de compañeros. Acabamos de ingresar porque vamos a pelear por nuestros puestos de trabajo”, afirmó uno de los trabajadores que permanece dentro de la planta. Según relató, se enteraron del cierre “al inicio del turno de las seis de la mañana, a partir de un cartel y un comunicado que sacó la patronal”, que anunció el cese de la producción y el despido de todo el personal.
“Están dejando a más de seiscientas, setecientas familias en la calle, sin el sustento económico y sin los alimentos”, advirtió, al tiempo que denunció “la militarización de todo el predio por parte de la policía de la provincia de Buenos Aires” y aseguró que “el secretario general del gremio está detenido dentro de un patrullero, dentro de las instalaciones”. El trabajador convocó a “todas las organizaciones sociales y a todos los gremios” a acompañar la protesta y remarcó que, en el marco del debate por una reforma laboral, “no podemos permitirlo: desde Fate vamos a pelear por todos los puestos de trabajo hasta que haya una solución para todos los trabajadores”.
“Hay que parar la olla”: el relato de los trabajadores que analizan su futuro tras los despidos.
Las conversaciones informales frente a la fábrica de Fate se concentran en un solo tema: cómo seguir tras los despidos. “Yo tengo equipo de gas en el auto, manejar para las aplicaciones va a ser mi salvavidas ahora, aunque sé que rinde cada vez menos porque hay cada vez más conductores”, dice uno de los trabajadores. No es el único que evalúa esa salida: en una ronda de diez, siete piensan en ese destino. Cuatro tienen auto propio o alguien que pueda prestarles uno “para pasar estos meses hasta que aparezca algo más estable”, define otro. Los tres restantes cuentan con ciclomotores y proyectan hacer delivery para distintas plataformas.
“Voy a tener que andar 12 horas en vez de 8 y por ahí por menos plata, y eso que nuestro sueldo ya estaba congelado. Pero hay que parar la olla en casa”, resume Alexis, que hace cinco años trabaja en la fábrica de neumáticos.
Otra de las preocupaciones que crecen mientras sube el humo de las cubiertas quemadas en la calle es por la cobertura médica. “Uno de nuestros hijos es discapacitado y, aunque tuvimos que pelear con amparos, la obra social finalmente cubre varias cosas. No sé cómo vamos a hacer con sus terapias si nos quedamos sin esa cobertura, no sé cómo vamos a hacer para que no le falte lo básico en un contexto en el que ya nos está faltando de todo”, se lamenta una de las parejas de los trabajadores en la ronda de mate de mujeres que vinieron a acompañar y contener a sus maridos.
Con el correr de las horas, las familias de los trabajadores de la planta de Fate comenzaron a acercarse a las inmediaciones de la fábrica para acompañar el reclamo y visibilizar el impacto social del cierre. Entre lágrimas y enojo, las esposas de los operarios describieron una situación económica que, según relatan, se volvió crítica mucho antes del anuncio.“Hace más de un año que esta situación se puso insostenible porque no hay paritarias. La última quincena mi marido cobró 300.000 pesos. Sacó un crédito en el banco para pagar el alquiler de nuestra casa, porque es insostenible, y aún así era el ingreso más importante de nuestra familia por lejos”, dijo Ivana, esposa de uno de los trabajadores despedidos, mientras permanecía frente al portón de la fábrica junto a otras familias.
Gabriela, cuya pareja trabaja en Fate desde hace doce años, apuntó al desgaste físico y a las condiciones laborales. “Mi marido trabaja acá hace doce años. Él y sus compañeros están permanentemente expuestos a enfermedades, desde tendinitis hasta sustancias tóxicas que pueden provocar cáncer. Dejaron todo por la fábrica, y con un comunicado a la madrugada los rajan a todos”, expresó, visiblemente conmovida.
Luego agregó: “Tenemos tres hijos, uno de 14, una de 18 y la mayor de 22. Las dos más grandes estudian Abogacía en la Universidad de Buenos Aires. Mi marido les juró que va a trabajar hasta que no le dé más el lomo para que ellas puedan estudiar sin trabajar el mayor tiempo posible porque lo único que quiere es que no terminen en una fábrica como él”.
Otra de las mujeres presentes, docente de Literatura en una escuela secundaria pública de San Fernando y pareja de un trabajador de la planta de producción, describió un escenario similar en los hogares de los operarios. “En todas nuestras casas el sueldo de Fate es el ingreso más importante. Está congelado hace más de un año, pero no deja de ser el ingreso más importante en cada familia. Las familias se estuvieron endeudando para pagar los gastos más cotidianos, el alquiler, la comida, o ayudar a nuestros padres, que son jubilados que viven cada vez peor”, afirmó. (Infobae)


