Inseguridad en el deporte: Joven denuncia intento de ataque mientras corría en el circuito «13 de Diciembre».
Lo que comenzó como una jornada habitual de entrenamiento se convirtió en una pesadilla para una joven corredora este lunes. A través de un desgarrador mensaje, la deportista hizo público un intento de agresión física que sufrió en el circuito del 13 de Diciembre, en el trayecto que conduce hacia «la Virgencita», un área donde habitualmente concurre una gran cantidad de personas a realizar actividad física.
«Quería vivir«: El desgarrador testimonio de esta deportista que sobrevivió a un intento de agresión. La desidia policial y el miedo que intentan imponer vuelven a ser el foco de la indignación.
Una vez más, el espacio público deja de ser un lugar de libertad para convertirse en un escenario de supervivencia.
El ataque: Momentos de terror
De acuerdo con el testimonio de la víctima, el incidente ocurrió de manera repentina cuando un hombre la abordó por la espalda. El agresor la sujetó del cuello, comenzando a ahorcarla mientras intentaba arrojarla al suelo de forma violenta.
«Me sigo viendo como luchaba para respirar y no me gane su fuerza», relató la joven, quien describió la situación como un «lunes negro». En un acto de instinto y supervivencia, logró zafarse del agarre y emprendió una huida desesperada hacia la zona del mar, buscando el auxilio de terceros.
Falta de respuesta oficial
Más allá del trauma físico y psicológico, la denuncia pone el foco en la desprotección que sienten los ciudadanos. La joven manifestó su indignación ante la aparente inacción de las fuerzas de seguridad, asegurando que, a pesar del aviso, los encargados de la prevención y vigilancia no se movilizaron para localizar al sospechoso en la zona.
Este incidente pone de manifiesto que, para las mujeres, el deporte al aire libre no es solo una cuestión de salud o recreación, sino un acto de resistencia frente a un entorno que las violenta. Y si, una vez más.
Ni el miedo ni el silencio
A pesar de estar a salvo, la víctima manifiesta el trauma que queda: el miedo a la soledad y al espacio público. Este es el objetivo de la violencia machista: recluir a las mujeres, quitarles la calle y someterlas al temor.
Sin embargo, su decisión de publicar lo ocurrido es un acto de sororidad y advertencia. No es un caso aislado, es un sistema que desprotege. La comunidad exige que el derecho a habitar las calles sin miedo deje de ser una consigna y se convierta en una realidad. Vivas, libres y sin miedo las queremos.
Este hecho reaviva el debate sobre la seguridad en los espacios públicos destinados al deporte y la necesidad de una mayor presencia policial en circuitos periféricos, especialmente en horarios donde la afluencia de gente disminuye.

