Hoy el cielo de Pico Truncado se tiñó de un gris distinto. No fue el polvo del desierto, fue el humo de nuestra propia historia que se nos escapaba entre las manos. El Hotel Argentino, ese centinela de chapa y madera que nos vio nacer y crecer, finalmente se rindió ante las llamas.
Hace apenas seis semanas, el destino nos había dado un aviso. Desde La Visión del Águila estuvimos ahí, viendo cómo los bomberos luchaban por salvarlo, creyendo que esta vez también ganaría la batalla. Pero el destino fue cruel. Ayer, el fuego no tuvo piedad y devoró cada rincón de lo que alguna vez fue el corazón de la ciudad.

Se perdió mucho más que una edificación. Se perdieron los pasillos donde el primer cine de Truncado nos hizo soñar. Se quemaron las habitaciones que sirvieron de sala de parto, donde tantos vecinos respiraron por primera vez. Se hizo ceniza el refugio de los pioneros, el punto de encuentro de los abuelos, el símbolo de nuestra identidad como Patrimonio Cultural y Provincial.
Duele ver cómo cae lo que creíamos eterno. Hoy el paisaje de nuestra ciudad queda huérfano, con un vacío que ningún edificio moderno podrá llenar jamás. El Hotel Argentino ya no está en pie, pero mientras lo recordemos, mientras sigamos contando que aquí nació nuestro pueblo, sus maderas seguirán crujiendo en la memoria de cada truncadense.
Adiós a un grande. Adiós a nuestra historia.


