La investigación judicial avanza sobre uno de los hechos criminales más estremecedores de los últimos años en Río Gallegos. La Justicia no descarta nuevas imputaciones ni la participación de terceros. Detrás del crimen aparecen el dinero de una millonaria indemnización, la vulnerabilidad de la víctima y una secuencia escalofriante que mantiene en vilo a toda Santa Cruz.
En la Opinión Austral se compartió el artículo de lo que pasó en Río Gallegos que no sale del estupor: un hombre fue brutalmente asesinado y sus restos fueron desmembrados tras su muerte para poder ser escondidos.
Se trata del caso de Aníbal “El Turco” Eduardo Cepeda, de quien no se sabía nada desde el 20 de abril pasado y que, en la mañana del 5 de mayo, fue encontrado sin vida en el interior de un complejo habitacional que debía tener custodia policial.
Desde el momento en el que la denuncia por averiguación de paradero para encontrar a Cepeda se efectivizó por parte de DF, su empleada doméstica, quien no tenía noticias de él desde días antes.
Era normal que Cepeda desapareciera algunos días. Cuando era trabajador activo en el petróleo, se iba de su morada ubicada en el centro de la ciudad por varios días. Cuando bajaba a la localidad, repartía su tiempo entre ir a pescar o pasar las noches en el casino, algo que se hizo más recurrente en los últimos años tras jubilarse y obtener una indemnización cercana a los 200 millones de pesos.
Algo que llamó la atención de DF es que Cepeda le contestaba los mensajes, pero ella sospechaba que quien estaba detrás del celular de “El Turco” no sería él, por lo que fue hasta la Comisaría Primera a denunciar.
Cepeda alquilaba un departamento amoblado cerca de Casa de Gobierno. El único bien con el que contaba era una camioneta y tenía pensado regresar a Mendoza -donde vive su esposa- a principios de mayo, una vez que venciera el contrato, pero eso nunca llegó.
Es que el destino hizo que Cepeda se cruzara con Marcelo Curtti en el casino. Un hombre que contaba con un frondoso prontuario criminal, por el que estuvo detenido en la Unidad 15, donde purgó condenas por delitos como estafas y robos cometidos en los años 90 en la provincia de Buenos Aires.
Curtti es un paria.
Había ingresado a trabajar en el Estado como personal de maestranza en el Ministerio de Economía, pero los problemas de consumo y del juego hicieron que se transformara en una “busca”, una persona que hacía changas: vendía bombillas de mate y también llegó a vender tortillas en el barrio Belgrano buscando dinero para “bancar” sus adicciones.
Incluso comerciantes llegaron a verlo por el centro de Río Gallegos vendiendo objetos en el período comprendido entre la desaparición de Cepeda y el macabro hallazgo de los restos del jubilado petrolero, algo que hiela la sangre de quien conozca ese dato.
Es que, fuentes vinculadas a la investigación consultadas por La Opinión Austral indicaron que Curtti habría hecho una vida “normal” tras haberle quitado la vida a Cepeda hasta ser detenido por la Policía de Santa Cruz, entregándose a las autoridades al verse acorralado en la madrugada previa al hallazgo de los restos.
Tal como lo informó este diario, Curtti estaba viviendo en un albergue emplazado en Pellegrini al 500, exactamente a la vuelta del complejo habitacional. Allí había sido echado por el hijo del propietario debido a sus problemas de conducta y de pago.
(La Opinión Austral).

