La sesión preparatoria se realizará el 24 de febrero por reglamento. Ratificarían a los secretarios parlamentario y administrativo. Puja por el titular provisional de la Cámara alta. La Libertad Avanza sondeará el movimiento de dialoguistas durante las extraordinarias
Mantener un mínimo equilibrio entre la Casa Rosada y Victoria Villarruel es el lema con el que La Libertad Avanza apunta a encarar, el martes 24 de febrero, la sesión preparatoria para definir a las autoridades del Senado, con otros cargos que sí estarán en juego, en medio de un nuevo período extraordinario -desde el 2 del mes próximo- que servirá al oficialismo para sondear el movimiento de dialoguistas.
El encuentro en el recinto está fijado por el reglamento, más allá de una convocatoria no consumada, algo que no reviste urgencia alguna. En el primer artículo se señala: “El 24 de febrero de cada año o el día inmediato hábil anterior, en caso que sea feriado, se reúne el Senado en sesiones preparatorias a fin de designar autoridades y fijar los días y horas de sesiones ordinarias, los que pueden ser alterados por decisión de la Cámara”.
“Acto continuo, la Cámara hará sucesivamente y por mayoría absoluta la elección de un presidente provisional para que la presida, en los casos determinados en el artículo 58 de la Constitución, un vicepresidente, un vicepresidente 1º y un vicepresidente 2º”, reza el segundo.
En tanto, el tercero deja en claro que “en caso de no resultar mayoría, se votará por los candidatos que hayan obtenido mayor número de sufragios; y en caso de empate, decidirá el presidente”.
Según confiaron fuentes del Gobierno y del Senado a Infobae, no existe ninguna intención de terminar de quebrar el orden en la “Casa”. Es decir, no sumar una nueva batalla a la guerra que mantiene el Ejecutivo con la Vicepresidenta, que sostiene estrategias política y comunicacional devaluadas y sin resultados a la vista, más que destellos ínfimos en redes sociales.
La tranquilidad vendría para lo que es el corazón de la Cámara alta. Primero, por la eventual confirmación del respetado por todos los bloques Alejandro Fitzgerald como secretario administrativo, la caja del Senado.
Esta butaca se convirtió en un problema mayúsculo para Villarruel, tras la partida de la eficiente María Laura Izzo. Fue un crimen querer hacer bien las cosas. A partir de ahí, todo siguió en caída para aún libertaria, con una ensalada de desvío de funciones para suplir ese vacío. Largos meses después y, en medio de la feroz puja opositora contra Milei, logró ubicar a su “amigo” Emilio Viramonte Olmos. Duró unos días y se convirtió en un papelón mayúsculo. Con Fitzgerald, las olas se calmaron. También evitaron la llegada de un personaje fantasmal que deseaba jugar al poder.

